Manuel Avila

Estos chavistas definitivamente que no entienden la crisis que agobia al país porque ver los traseros de Cilia e Iris Varela y los cachetes de Maduro y Diosdado son pruebas irrefutables que los funcionarios del gobierno no pasan hambre. Pero los que si pasan trabajo para comprar los productos de primera necesidad son los pobres de un país arruinado. No es con aumentos del salario mínimo como se refunda la economía nacional porque a final de cuentas l inflación se traga de un solo bocado los míseros aumentos decretados por Maduro para tranquilizar a un pueblo que se muere de hambre. No ha encontrado el gobierno la fórmula para detener el proceso de deterioro de la economía nacional en un país atrapado entre las ambiciones revolucionarias y la corrupción de los hombres del gobierno.

Qué tristeza es ver a un gobierno que llegó al poder con un plan de vuelo centrado en el combate a la corrupción y de la noche a la mañana rompió los linderos de la historia para convertirse en el gobierno más corrupto de la historia nacional. Miles de millones salieron de las arcas de la República a engrosar las cuentas bancarias de funcionarios del gobierno y de empresarios vinculados al poder. Nada pudo hacer Chávez que vio perderse por los caminos verdes miles de millones de dólares y tampoco Nicolás Maduro porque la idea estuvo centrada siempre en el objetivo de dejar jugar, dejar pasar, planteamiento que desarma la postura filosófica-política de combatir la corrupción.

El país perdió el rumbo desde los inicios del gobierno porque no hubo control sobre los ingresos que entraron a las arcas del Estado y eso permitió que la corrupción caminara libre por todos los caminos de Venezuela. A nadie le importó que cuatro tontos se quedaran con todo en un juego de enroques que ha permitido a Jaua, Istúriz, Rodríguez, Diosdado, Tarek Wiliams y Tarek El Aissami, Bernal, Cilia, Dante y otros tantos apoderarse de las finanzas de la República. Ese club de enchufados se nutrió durante 18 años de los intereses de la renta petrolera y hoy día cuando nuestro pueblo está arruinado, vemos de cerca las razones porque la pobreza se convirtió en el caldo de cultivo de la corrupción administrativa en el poder.

Por eso cuando veo a los tipos que aupan el proceso caminando con sus bolsitas de pan, a otros anclados sin poder accionar y creyendo que hacen historia de la buena, no me queda sino persignarme para que Dios se encargue de poner orden en un país que terminó vuelto hojas. Nunca se había conocido por estos predios una ola de corruptelas y miseria que se lleva en volandillas a la clase pobre venezolana. Quedó Venezuela atrapada en sus propias locuras y sus sueños de redención quedaron guardados en las flores y las promesas de dignificación que usó Chávez para convencer a los venezolanos que con la revolución se viviría mejor. Eso no ocurrió porque los malandros de la bata roja solo se ocuparon de llenar sacos y solo se recordaron de la patria cuando perdieron el amor de la gente y ahora intentan volver al poder deben hacer un gasto supremo para ganarse el cariño de la gente.

Le fallaron a los venezolanos una y mil veces, hombres sin alma que solo usaron consignas de la mentira para estafar a un pueblo cuyo único pecado fue creer en una propuesta militarista sin sentido. Engañaron a la gente, pero más nunca volverán al poder porque le fallaron a la gente y eso lo cobra el pueblo más pronto que tarde. Tenemos un país arruinado y solo corresponde a los líderes preservar las vidas de miles de almas que apuestan a su salvación política y que solo cuentan con un país en ruinas.

@encíclica

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