Crece capítulo a capítulo el rechazo de hombres y mujeres a Sansa Stark. Las redes sociales sirven como baremo. Intriga por qué el odio a una mujer que ha sido retenida, humillada, amedrentada, forzada al matrimonio en dos ocasiones, violada y mutilada. Una mujer que ha sobrevivido a los sociópatas Joffrey Baratheon y Ramsay Bolton.

Testimonio de la violencia de género

Me pregunto si el odio a Sansa es un rechazo inconsciente a su condición de superviviente. Ella es el personaje más realista de la serie. ¿Incomoda porque es un víctima de la violencia de género y representa el fracaso de la sociedad frente al maltrato a la mujer? Aunque Juego de Tronos apela al mundo real, demasiada realidad molesta a muchos.

El viaje del héroe… ¿y de la heroína?

En Juego de Tronos hay personajes —héroes y villanos— que se ganan las simpatías del público con sus primeras escenas. Otros necesitan varias temporadas. Jaime Lannister consigue el favor del público durante el viaje con Brienne de Tarth al mostrar su vulnerabilidad. Queda lejos el intento de asesinato de Bran. Un Jaime tullido rescata a Brienne de un oso ganándose la redención.

Jon Nieve era para muchos un personaje anodino hasta el ataque de los salvajes al muro. Jon es un ejemplo de el viaje del héroe. Un recurso narrativo que muestra cómo un personaje pasa de ser nadie a héroe. Nieve ha perdido la familia, ha sido humillado, ha pasado por penalidades y ha adquirido habilidades. Es un camino que han seguido otros miembros Stark: Bran puede verlo todo: el pasado y el futuro y el interior de las personas. Arya es una mortífera asesina con la mágica cualidad de cambiar de identidad. ¿Y qué ha conseguido Sansa? Nada, dicen los detractores. Se equivocan.

La inteligencia de la mujer, inteligencia cuestionada

Lo que Sansa ha conseguido es invisible a los ojos. Ha ganado confianza. Ha ganado inteligencia. Me pregunto si el odio a Sansa no esconde, a propósito o por inercia de la influencia del patriarcado, un odio a la manifestación de la inteligencia en la mujer. La inteligencia desnuda.

Una mujer como Brienne provoca admiración en las mujeres y fascinación en los hombres. En el caso de los hombres, aprecian más la fuerza física de una mujer que su inteligencia. Hay una raíz atávica. Una mujer fuerte insinúa al hombre que es una buena paridora. Los hombres primitivos buscaban mujeres fuertes no inteligentes. En la mitología griega hay quienes quieren atrapar a Artemisa la diosa cazadora, pero no a Atenea, la diosa de la sabiduría. El sometimiento de la fuerza es visible. El sometimiento de la inteligencia no puede medirse.

En un mundo violento, hombres como Lord Varys y ser Davos (el consejero de Nieve) han sobrevivido y prosperado usando la cabeza. Incluso el plebeyo Meñique se ha convertido en dueño de una fortaleza y un ejército.

Las mujeres con mando en Juego de Tronos dependen de un poder dinástico no cuestionado (Cersei y la pequeña Lyanna Mormont) o tienen criaturas mágicas como Daenerys que además es invulnerable al fuego. Las mujeres sin poder viven por el sexo o por la espada (Brienne y Arya Stark) o la brujería (Melisandre).

Sansa se ha ganado el título de señora de Invernalia con inteligencia, paciencia y diálogo. La lealtad de los norteños a la casa Stark acabó con muerte de Eddard. Sin recurrir al sexo ni a la violencia ni a la amenaza de ejercerla se ha ganado las simpatías de los remisos a aceptar a un bastardo como rey. Llama la atención que una importante parte del público no repare en estos logros.

Sansa, hecha a sí misma

Sansa tiene otra rareza: actúa sin la tutela ni la mentorización de un hombre. Meñique revolotea alrededor, pero no es su maestro como tampoco lo fue Tyrion en el matrimonio. Daenerys Targaryen cuenta con hombres como mentores y consejeros al igual que Cersei. Lyanna Mormont está rodeada por sabios ancianos. Arya Stark ha sido pupila de distintos hombres. La bruja roja recibe la protección del Señor de la Luz: un dios masculino.

Sansa se tiene a sí misma. Lo que ha aprendido y ha conseguido a lo largo de los años ha sido por sí misma. Si fuera un hombre sería considerado un hombre hecho a sí mismo. Es lo que hoy se llama una mujer empoderada.

Por Javier Melendez Martín

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