Manuel Avila

En Venezuela a todo el mundo le ha dado por hablar de crímenes de lesa humanidad de un lado y otro de la política, pero que más crimen que la gente se muera a la puerta de los hospitales, en sus casas y en todas partes por no tener las medicinas necesarias para su salud. Ese tipo de trabajo de investigación nadie las realiza en el país porque son estudios abominables de una realidad que se enrolla y se muerde la cola.
Se nos está muriendo la gente en nuestras propias narices porque no hay medicinas y esa es una verdad que no puede ocultar el Gobierno Nacional y los organismos encargados de la salud en el país. Esa situación calamitosa de la salud nacional debe resolverla el gobierno por encima de todas las cosas y si son los empresarios los culpables deben pagar con cárcel, si son los funcionarios del gobierno también y si son fantasmas que toman las riendas del gobierno para arremeter contra un pueblo cuyo único delito es haber votado por unos u otros candidatos es peor porque la gente cumplió con su deber ciudadano para elegir a los mejores y terminó viendo morir a sus seres queridos.
No es posible que no se consigan en las farmacias y droguerías los medicamentos para las enfermedades más comunes y desde antigripales, antidiarreicos, convulsivos, hipertensivos, digestivos, diabéticos y menos los productos para combatir el cáncer. No hay nada es la respuesta de los regentes de las farmacias venezolanas y los ciudadanos han tenido que acudir a los productos naturistas o a los menjurjes o a preparados de la botánica para hacer milagros en medio de este crimen de lesa humanidad contra una sociedad.
Da lástima que 15 Ministros de la Salud hayan fracasado en su propósito de llevar salud a los venezolanos, pues es evidente que si los CDI se quedaron pasmados al igual que los Barrio Adentro que fueron las innovaciones de salud presentadas por el proceso que al final fueron simples paños calientes a la crisis de las salud en Venezuela. Es que ir a un CDI es no encontrar nada porque los medicamentos que en ciertos momentos de la travesía gubernamental se encontraban, ahora no existen por ninguna parte. Los Barrio Adentro se convirtieron en espacios vacíos que no solucionan nada y todos los pacientes terminan en las medicaturas y en los hospitales en busca de curas para sus males.
Estamos metidos en un laberinto sin salida porque el Gobierno Nacional no toma el toro por los cachos y solo se limitan los ministros de salud y los diputados constituyentistas y los voceros políticos lanzan sus ataques contra quienes se atreven a mostrar la cara grotesca de la salud en Venezuela.
Se está muriendo la gente y esa realidad nada tiene que ver con la ideología, ni con los colores de los partidos, sino con una verdad que debemos asumir como un desastre que está destruyendo el futuro de nuestro país. No puede un país organizado en vías de desarrollo seguir avanzando por encima de miles de muertes que se producen en el país cada día. Ni se hable de intervenciones quirúrgicas en los hospitales venezolanos porque han sido un desastre y los ciudadanos esperan hasta 6 meses para una operación de cubito y radio o de tibia y peroné. Ahora es más complejo cuando se trate de implantar un marcapasos que vale la bicoca de 3.500 dólares o de cualquier dispositivo cardiovascular, ni se hable de trasplantes, ni de operaciones de columna, médula o de cerebro.
Ante esta realidad la salud queda desnuda en medio de una crisis que se agolpa como una locura en una nación atrapada por sus pésimas políticas gerenciales, pues es evidente que la salud es una prioridad constitucional que debe ser respetada porque nos podemos morir todos en un país donde no hay no aspirinas y menos antigripales. Esa es la lastimosa realidad.

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