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El Edecán de Rómulo


    El Edecán de Rómulo
Publicado: 2017-06-16 10:04 / Visitas: 284

                                               Manuel Avila

                

 De Ernesto López un coriano y Ernestina Mendoza López, una guayanesa nació Ernesto López Mendoza aquel muchacho que iba a pescar con anzuelos y atarrayas a la Laja de la Zapoara a orillas del Orinoco. Era la época cuando con un real se compraba una zapoara para comer siete personas, pues la hambruna de la época y la escasez de  alimentos era de marca mayor. Esos momentos de lucha por sobrevivir marcaron a Ernesto López Mendoza que se empeñó en salir de la pobreza en la misma Ciudad Guayana y se iba a pescar a esos espacios donde iban muchos jóvenes para tratar de solventar los problemas de hambre de la época y por supuesto son solo se pescaba sino que se armaban las competencias de natación, las diversiones con agua en el mismo río y esas quejas llegaron de alguna manera a su padre que fue Secretario General en la Gobernación de Amazonas y le envió un ultimátum para que se fuera a Caracas a vivir con uno de sus familiares. Así procedió por mandato paternal y su madre hizo esfuerzos para que Ernesto López de fuera a la capital en busca de nuevos horizontes. Por eso el padre de Ernesto le pidió un favor al Ministro López Enriquez para que le consiguiera un cupo en la Marina. De esa forma Ernesto se vio en la necesidad de viajar a Caracas por la presión que ejerció su padre desde Amazonas porque según él las malas juntas de amigos en el Orinoco podían influir en el desarrollo de la personalidad de su hijo. Eran comerciantes de ganado en pie que sacaban a Trinidad. A Ernesto le correspondió viajar a la capital en el barco a velas “Delta” en un viaje accidentado que por poco se hunde en un raudal y gracias a la pericia del capitán pudo seguir su viaje sin problemas hasta Caicara del Orinoco. 

Ernesto se fue a Caracas frente a la Iglesia “Corazón de Jesús” en la Avenida Capitolio donde estaba su tía Isbelia López. Lo inscribieron en el Colegio “San Ignacio de Loyola” en el 4º grado junto a eminentes hombres como Rafael Caldera y en el Liceo “Andrés Bello” conoció a Carlos Andrés Pérez y otras personalidades del momento. Pero Ernesto tenía sangre en las venas de navegante y por eso su objetivo era entrar a hacer carrera en la Marina y el funcionario amigo de su padre le dijo que en la carrera militar no valían las palancas y debía presentar el examen de admisión para ver sus condiciones de marino. Así lo hizo y de 64 aspirantes quedó de cuarto y lo demás fue fácil porque Ernesto tenía alma de marino por el contacto que había tenido en su infancia con las aguas. Así se gradúa Ernesto de oficial en la Marina y decidió abordar el reto de triunfar y ser grande en tan compleja tarea de servir a la República de Venezuela y entre los años 1959 y 1961 lo nombran Comandante de la División de Transporte y Comandante del Buque Presidencial  T-12, Las Aves. A partir de ese momento Ernesto López comenzó su ascenso militar y a dejar huellas en la Marina hasta el punto de comandar tropas de más de 500 oficiales que desfilaron frente al Presidente Rómulo Betancourt que le pidió al Ministro de la Defensa una terna para nombrar su edecán y en vista que no estaba el hombre a quien vio comandar con acierto un pelotón de oficiales ordenó que le buscaran exclusivamente al Comandante Ernesto López Mendoza. Es que a decir del Presidente Betancourt necesitaba a su lado gente competente y tenía el privilegio de elegir al mejor, razón por la cual eligió al guayanés como la mejor opción para ocupar el lugar de Edecán del Presidente. A partir de ese momento le correspondió a Ernesto López velar por la seguridad del Presidente Rómulo Betancourt y estuvo en dos acciones importantes que marcaron la historia de Venezuela. 

En la primera acción recibe una llamada del Jefe de la Casa Militar para que informara al Presidente Betancourt que había un golpe militar en movimiento y se vio en la necesidad de participar al Presidente que un golpe de Estado amenazaba su seguridad. En ese momento se le perdieron los zapatos por el nerviosismo y terminó poniéndose unos zapatos marrones que en nada combinaban con el traje negro que en la noche se había puesto para acompañar al Presidente Betancourt a una fiesta en la casa de Diego Cisneros de donde habían llegado en horas de la madrugada, razón por la cual se despertaron angustiados y sin rumbo.  También estuvo Ernesto López en el intento de asesinato al Presidente Rómulo Betancourt en Los Próceres cuando el 24 de junio de 1960 durante la celebración de la Batalla de Carabobo en Caracas aproximadamente a las 9:30 am estalla una bomba en un auto estacionado en la vía de paso de los vehículos de la escolta presidencial que se dirigían al Paseo Los Ilustres. Ese atentado deja sin vida al Jefe de la Casa Militar Coronel Ramón Armas Pérez y produjo quemaduras severas y deformación del rostro del Presidente Betancourt y destroza el vehículo presidencial. En estos acontecimientos participó Ernesto López Mendoza que era el Edecán del Presidente y tuvo actuaciones importantes en los dos acontecimientos que marcaron su paso por tan importante responsabilidad pública.

A Ernesto López le correspondió ocupar funciones en la Marina de Guerra venezolana al desempeñarse como: Comandante de la División de Transporte, Comandante del Buque Presidencial C- 12 “Las Aves”, Comandante del Destructor D-32 “José de Austria”, Comandante del Destructor “José Trinidad Morón”, Jefe de Operaciones del Destructor “Nueva Esparta”. Le concedieron la Claraboya de Estribor del buque SC-12, General “Santiago Mariño”, participó en los convenios con Inglaterra  y esas son varias de las responsabilidades cumplidas por Ernesto López Mendoza en la Marina de Guerra venezolana.

Hoy en la tranquilidad  del retiro en su hogar de Margarita el Comandante Ernesto López Mendoza, el mismo muchacho que se formó en “la Piedra de la Zapoara” de Ciudad Bolívar está en el descanso del guerrero, viendo pasar el tiempo y saludando el amanecer de cada sol marinero en esta isla que lo vincula al Destructor “Nueva Esparta” que tantas historias de vida guarda en sus recuerdos. Ahora solo la brisa marina, el canto de los alcatraces, los crepúsculos de los atardeceres margariteños, los sonidos del polo, el galerón y la malagueña y el olor a playa, a limo y a pescado forman parte de los sueños poéticos de este guerrero de los mares. Se quedó Ernesto López Mendoza con sus sueños acuestas, con las huellas de la vida y con una familia bella que lo acompaña en su transitar por el mundo, pues a éste lobo de mar le cuesta entender que ya no es Comandante de los mares venezolanos y que sus adornos de casa son las claraboya del Buque “Santiago Mariño” y el timón de otro de los barcos que este marino tuvo bajo su conducción en la época dorada de éste lobo de mar que ahora es uno de los legendarios hombres de la marina venezolana. Por eso está Ernesto López Mendoza en Margarita con su carga de historia, con las huellas del tiempo dibujados en su rostro como marcas de su paso glorioso por la vida y como un símbolo de los arañazos del viento marino en un personaje con historia, con leyendas y con suficiente poesía para escribir libros de los vientos, de las mareas y de los misterios de los mares continentales que pudo surcar con esas insignias venezolanas que lo hicieron portar con orgullo el pabellón tricolor ante los gobiernos del mundo. Salud Ernesto y bienvenido a este tierra de mar y sal como dijo el poeta Luís Beltrán Prieto Figueroa en su libro “Mural de Mi Ciudad”: Capitán de un destino abarcador/ indetenible/ de isla en isla/ y de amor en la brisa remecido/ pasa tu nombre/ entre sombras, nubes y distancias/ recuerdo del recuerdo en la querencia/ del que se va sin irse/ y nunca llega/ Islas ancladas/ entre la mar y el viento/.  



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